10.11.18

The Romanoffs, mentirosos que persiguen la felicidad. Claves de la serie de Matthew Weiner (Mad Men)

Los Romanov (The Romanoffs) es una serie de Amazon, creada por Matthew Weiner (Mad Men). Como ocurría con Don Draper, sus protagonistas son unos mentirosos y ansían la felicidad aunque sea a base de mentiras. Todos ellos dicen ser descendientes de la familia rusa que fue asesinada en 1918. ¿Tendrán alguna conexión entre ellos, dicen la verdad, a qué aspiran?

En esta entrada haré recaps de los ocho episodios con spoilers. Duran hora y media cada uno. A mí me están gustando.

Ránking de episodios, de mejor a peor: 4>3>1>2>5>6

Para saber más de la serie escribí 'The Romanoffs', la nueva mentira del creador de 'Mad Men'.

Hoy, episodio 1x6.




The Romanoffs 1x1 The Violet Hour
Puntuación: 7
Anushka (Marthe Keller), una mujer adinerada, que vive sola en Paris con su perro en un piso estilo palacete, sufre achaques de la edad (no para de fumar) y maltrata a sus sirvientas, especialmente, a la última, a la que desprecia, racista, por ser musulmana. Esta joven diligente, vive con sus padres y su hermano, una familia honrada que no pide más que respeten sus creencias y les dejen vivir en paz. Greg, el sobrino de Anushka (Aaron Eckhart), que regenta un hotel, aspira a heredar el piso cuando se muera, presionado, además, por su novia, a la que Anushka no puede ni ver. El roce hace el cariño y así es como Anushka prefiere dejarle su herencia a la criada que a su sobrino. La novia de éste le presiona para que la seduzca, algo que acaba haciendo, después de comer pizza en un restaurante, porque él es un bombón y ella no tan mojigata. Su embarazo alegra a Anushka, todo encaja y saca de la ecuación a la novia. La fábula habla de las herencias, el linaje, la descendencia. Antes que perder el apellido, Anushka prefiere que su sobrino tenga un hijo con una musulmana. El toque cómico lo pone Anushka, que no se corta un pelo. La mentira aparece con el falso huevo Fabergé que la tía guarda en un armario y que la novia despechada roba creyendo que va a ganar dinero con él.

The Romanoffs 1x2 The Royal We
Puntuación: 6
En la consulta del psiquiatra, un matrimonio necesita ayuda. Shelly (Kerry Bishé) se aburre con él (come pizza y fuma porros). Cuando van a ir juntos a un crucero, a él (Corey Stoll) le llaman como jurado de un juicio. El caso es obvio, pero él interfiere en el voto de culpabilidad con tal de no irse de crucero y además aprovechar que una de las mujeres del jurado le atrae fuertemente (Janet Montgomery). Mientras él acaba siéndole infiel (hace con la amante lo que no hace con su mujer, como salir, bailar, inventarse aventuras estilo film noir), ella, que podría haberlo sido, coquetea con un tipo, Ivan (Noah Wyle) pero no va a más. De vuelta a la realidad, él intenta matarla, pero no lo consigue. La amante rompe con él y su mujer le abandona, sonriendo como si se hubiera quitado un lastre de encima. El huevo Fabergé vuelve a aparecer, esta vez en tamaño gigante dentro del barco. La fábula habla de la soledad y de lo prohibido como atracción letal. El toque cómico lo ponen los Romanov del crucero, y el un grupo de enanos imitando a la familia rusa. Ella ve un video presentado por el personaje de John Slattery. El actor volverá a aparecer en el cuarto episodio. La mentira sobrevuela todo el episodio, pues todos mienten en algún momento. Cócteles fuera de serie: el bar Rose, un irlandés en el que la amante baila sexy.

The Romanoffs 1x3 House of Special Purpose
Puntuación: 8
Christina Hendricks (Olivia) es una actriz famosa que rueda una serie sobre los Romanov en Austria a las órdenes de una directora novata, pero a la que ella admira por su pasado de actriz. Insegura, no logra ubicarse, se acuesta con el actor principal y reclama una mayor atención. La primera escena que ve es la de un grupo de soldados tirando cuerpos desnudos a una fosa común. Hojea un libro con fotos reales del asesinato de los Romanov. Una noche ve el fantasma de Anastasia. Sensible porque acaba de perder a su madre, la actriz asiste con dudas a una cena de inversores en la que la directora es poseída por un espíritu. Ambas hacen las paces, pero el manager de ella le asegura que se acabó el rodaje, que está loca y que se van de allí. Sin embargo, por la noche, es llevada a la fuerza por un grupo de bolcheviques, en una situación que el espectador no sabe si es verdad, un sueño o una broma. Realmente, es como The Game, ruedan el asesinato de los Romanov, todo es falso, pero ella se cree el tiroteo y cae fulminada de un ataque al corazón. La fábula habla de los egos e inseguridades, de cine dentro de cine, de los rodajes, de ser actor. La propia Hendricks habla de sí misma cuando le cuenta a la directora lo que es haber sido modelo y pasarse a actriz para poder hablar, y que al ser famosa todo el mundo le pregunte. La novia del inversor dice que Los Romanov dicen que lo son pero es mentira. El toque cómico lo pone Rasputín (Jack Huston) y la propia actriz al intentar comprender las situaciones (como cuando la directora agarra de los huevos a un secundario para que use su voz de macho y luego éste se pone a cantar). Memorable el momento en el que el inversor dice que Kubrick rodó 2001 con velas (confundiendo la anécdota con Barry Lyndon). La mentira llega por varios frentes, hasta el remate final en el que todos mienten a la actriz con penosas consecuencias. Cócteles fuera de serie: la recepcionista del hotel donde se hospeda le dice que no hay bar, pero luego ella misma le pone un whisky con hielo en el bar. La intentan marear, mintiéndole con detalles como éste.


The Romanoffs 1x4 Expectation 
Puntuación: 9
Las calles de Nueva York como un personaje más. Julia (Amanda Peet), que deambula por ellas, critica la actitud pasiva de su hija embarazada Ella (Emily Rudd), mujer tradicional, casada con un tipo que le colma de atenciones desde la ausencia. Ante el posible alumbramiento, la hija le encarga recoger a sus suegros, algo que Julia intenta evitar. Los dolores de estómago que sufre Julia, su mal temperamento, su infelicidad, tienen que ver con su futuro nieto, pues Ella no es hija de su marido Peter (John Tenney), un Romanov, si no de un amigo de toda la vida de él, Daniel (John Slattery) con la que ella tuvo un affair y con el que ha seguido manteniendo la amistad durante 20 años. Julia discute con su hija desayunando en Bergdorf Goodman, con Daniel en una librería, con un chaval mientras toma una cerveza XXL en un parque ("millenials de mierda"), con sus suegros en el taxi camino a su lujoso hotel, con su marido antes de ir a cenar con ellos por culpa de ese "nobleza obliga" de los Romanov que ella odia… El episodio alterna los momentos actuales con los pasados, relacionados con Julia y Daniel de jóvenes. Ella nunca quiso dejar a Peter y no le contó la verdad a Daniel hasta que el propio Daniel la descubrió. Julia y Daniel se quieren, pero Julia también quiere a Peter y, según ella, Daniel nunca quiso tener hijos. En su imaginación, Julia le cuenta la verdad a Peter y él lo comprende, pero, en realidad, es una cobarde y no llegará a decírselo nunca. Julia sólo le habla francamente a un indigente en su trabajo de caridad. Se desahoga con un extraño. Daniel siempre ha estado ahí, para ella, y sigue estándolo, como el hombre que la acompañó cuando Peter no estaba. De ahí que Julia crea que su hija está cometiendo sus mismos errores, que está con un marido que no está, que sólo le da dinero, seguridad. Julia es hospitalizada por cálculos biliares. Cuando se queda a solas con su hija, ésta le dice que llame a Daniel y Julia, sorprendida, accede y, por teléfono, le dice a Daniel que le quiere. No sé si su hija sabe que Daniel es su padre, pero sí sabe que Julia está enamorada de Daniel, algo que la propia Julia no ha querido reconocer nunca. De ahí el sentimiento de superioridad de la hija, que siempre le ha dicho que deje de criticar a los demás y se concentre en ella misma, porque es Julia la que ha vivido siempre confundida, con el corazón dividido en dos, tras una gran mentira. La fábula habla de privilegios adquiridos, de inseguridades ante la maternidad. Julia se ha hecho abuela sin darse cuenta y está amargada porque no puede retroceder en el tiempo y hacer las cosas de otra manera. Trabaja, camina sola por la vida, es pasional pero se controla. Su hija es todo lo contrario: no trabaja, tiene chófer, es fría. Tal vez, más del estilo de Katherine, su cuñada (Diane Lane desaprovechada, pero vuelve en el ep. 1x5). Julia huye de lo snob, pero vive bien al lado de un Romanov. El toque cómico lo pone la propia actitud de defensa ante la vida de Julia (y el pervertido del metro) y un John Slattery que está sembrado, con frases como "El 80% de la gente que ha creado el 90% de las ideas está muerta" o cuando mira a Julia y le dice: "Parece que sientas algo por mí y luego me ignoras". El momento indigente preguntando a Julia tras su perorata existencial si conoce a Eddie Van Halen es muy fuerte. La mentira es más poderosa si nos ponemos en el lugar de Peter, el único que no parece saber la verdad. Cócteles fuera de serie: Daniel le dice a Julia de ir a un salón de té ruso a comer blinis y chupitos de vodka, pero no lo hacen. En una librería dicen que lo mismo se vende La Odisea que un libro para lograr el Martini perfecto.

Conexiones entre episodios: a Daniel ya le vimos en el episodio 1x2, como el encargado de poner el vídeo de los Romanov en el crucero. El libro de los Romanov que lee Olivia (Christina Hendricks) en el episodio 1x3 es el libro que ha escrito Daniel, cuya adaptación es la miniserie y de la que quería ser el guionista. Al igual que el episodio 1x1, el legado de los Romanov continúa a pesar de los contratiempos: aunque el hijo de Peter no sea suyo, como ocurría con la racista Anushka y su futura descendencia, fruto de otro affair entre su sobrino y una musulmana.

The Romanoffs 1x5 Bright and High Circle 
Puntuación: 5
Cuando el río suena, agua lleva. El refranero nos advierte: el rumor puede esconder una verdad dolorosa. El quinto episodio de The Romanoffs provoca la confusión, el miedo, la ira: ¿cómo pueden unos padres dejar que el profesor de sus hijos les siga dando clases si la policía sospecha de que ha tenido una "conducta indebida" con otro alumno? Viendo el episodio pienso todo lo contrario: en qué falla nuestra sociedad para que creamos que el tipo, sin pruebas, es culpable. Y aquí entra en escena la familia Romanov y para entender mejor el asunto hay que describir a cada uno de los personajes de esta farsa de opereta. Katherine (Diane Lane) es profesora y tiene tres hijos que tocan el piano, instrumento que ella siempre quiso tocar de pequeña. Aunque no lo parezca, tiene un punto snob: echó a una asistenta por romper un plato que había pertenecido a su familia, los Romanov. Al ser preguntados, ninguno de los hijos ha tenido el menor problema con David Patton (Andrew Rannells), el profesor. Katherine conoció a David de casualidad, cuando su hijo pequeño escuchó su piano y cayó tan fascinado como ella. Vamos, que la culpa de meterle en casa sería de ella. Mujer discreta, viste pija, habla ruso y se deleita con la intelectualidad de sus alumnos. Katherine se deja envolver por el encanto frívolo de David, un gay fantasioso, que alardea de conocer a Elton John y hace bromas que al marido de Katherine, Alex (Ron Livingston), no le hacen la menor gracia. Alex está fuera de casa a menudo y Katherine confía plenamente en David, que parece llenar ese vacío (de ahí que David entre y salga aunque no estén en casa y beba de la taza de Alex cuando no está). En ningún momento se nos dice quién ha acusado a David ni el motivo real. Nuestra imaginación comienza a actuar. Estamos hechos para pensar mal. Parece como si ser gay fuera lo mismo que pederasta, les asusta. Alex grita: "¡Lo sabía!". La desconfianza florece donde antes sólo existía lealtad. Katherine comienza a investigar. Si hubiera pasado de sus hijos no hubiera movido un dedo. Su amiga Cheryl (Nicole Ari Parker) le pagó unas vacaciones y le descubre que David se hace pasar por un Romanov. Katherine pensó, sin embargo, que la familia de David tenía que ver con el general Patton. Cheryl desconocía que Katherine fuera una Romanov. Se demuestra que nadie sabe nada de nadie, ni entre ellas mismas. Es fácil mentir entonces. David se ríe de Debbie (Cara Buono) por hortera y hacer que su casa parezca Versalles. Katherine, como el espectador, descubre que David es un mentiroso, con aires de grandeza, que aparenta vivir un estatus que no es real. Katherine se siente identificada con David. Muchos podrán creer que Katherine miente al decir que es una Romanov, y, al igual que David, ella es profesora, enseña, que, como dice él muy elocuentemente, es mejor que recibir aplausos. David sabe cómo camelarse a las madres. A Katherine con halagos, a Cheryl contándole que desciende de un antiguo linaje. ¿Para qué pondría en peligro su trabajo, su relación con estas adineradas familias? Cuando se confirma que la denuncia nada tiene que ver con un abuso sexual, si no con la posibilidad de que David le comprara alcohol a un menor de 15 años, es Alex el que, entonces, se pone de lado de David, afirmando que las otras, Cheryl y Debbie, que son madres que no trabajan, han creado una montaña de un grano de arena. Porque, amigos, ¿ningún adulto os ha comprado alcohol u os ha ofrecido alcohol cuando teníais 15 años? Porque a mí, sí, y no puse el grito en el cielo. Sin embargo, el daño ya está hecho. Los hijos de Katherine no quieren que David les dé clases porque "sería raro" y Katherine no sabe qué hacer. El remate para los biempensantes lo pone Alex, que parecía que no pintaba nada, al contar una anécdota de niño. Tenía un amigo que sufría bullying porque parecía una niña. Ante el acoso, Alex también le preguntó si era una niña, y su padre, obrero y consecuente con sus principios, se mosqueó con él, regañándole por hacer caso a los bulos. Esto parece dejar tranquila a Katherine, hasta que Alex le confirma que su amigo efectivamente era una niña. Que es como decirle a Katherine que los bulos a veces pueden ser verdad, que así es la vida. Alex podría haber tranquilizado a Katherine con una mentira, pero, ¿por qué? Habrá rumores que sean verdad y falsos testimonios que arruinen la vida a otros. Lo de pagar justos por pecadores. El episodio no cuenta con un broche made in USA. No hay buenos ni malos. Katherine ve cómo David da clases de piano a su hijo y cierra la puerta. Katherine confía en David porque no le ha intentado sacar dinero como a Cheryl ni se ha reído de ella como con Debbie. David, posiblemente, le haya mentido en tonterías, pero mientras toque la música, qué más da. Como el mismo David dijo, tocando el piano se le olvidan a uno los problemas. Pues eso. Para qué intentar buscar soluciones donde no hay problemas. La fábula es lo que no vemos y somos capaces de crear en nuestra mente, dependiendo de nuestras propias inseguridades. El toque cómico lo pone el gay con sus comentarios, como sobre Jar Jar Binks. O cuando dice: "¿Quién no quiere ser Billie Joel?". La mentira es la que menos consistencia tiene, pero la más poderosa por eso mismo de todas las vistas hasta ahora.

Conexiones entre episodios: Katherine Ford (Diane Lane) es la hermana de Eric Ford, el marido de Julia (Amanda Peet) en el cuarto episodio. Ante el nacimiento del hijo de Ella, Katherine buscaba un trajecito antiguo para su sobrino (que no es realmente un Romanov) y hablaba por teléfono con su cuñada Julia.

The Romanoffs 1x6 Panorama
Puntuación: 4
Otro episodio tan confuso y extraño como el anterior. Es con el único con el que me ha costado entrar de todos los vistos hasta ahora. No hay calidad en las interpretaciones y se mezclan conceptos en plan batiburrillo, poéticos y de denuncia, del amor idealizado a la reivindicación de la cultura indígena. Ambientada en México, Abel (Juan Pablo Castañeda) es un periodista idealista que se hace pasar por enfermo terminal para investigar una clínica a la que acuden solamente millonarios que han amasado su fortuna desde la criminalidad. Allí conoce a Victoria (Radha Mitchell), de la familia Romanov, cuyo hijo padece hemofilia. Ella se lo ha transmitido ("el veneno sobrevive") y se siente tan culpable que hace y deshace sin el consentimiento del padre, del que está separada. Abel es su válvula de escape y anima al chico, atraído por la cultura de la ciudad. Esto da pie a que Abel sea nuestro cicerone y (lo mejor del episodio) abra una puerta a la cultura local con la que reivindica el esplendor de otros tiempos, con menciones a Hernán Cortés, Moctezuma, la Virgen de Guadalupe y el impresionante cuadro de Diego Riviera (si estamos en México hay que aludir al realismo mágico). Al final del episodio, su jefe (Griffin Dunne desaprovechado) resume en una frase de qué va la trama, pues el artículo que Abel le entrega "no es una historia, es un poema". No llegan a enrollarse, pero el amor que sienten ambos por el otro es enorme, a pesar de las mentiras. Abel se siente como parte de un todo en un universo por el que hay que luchar (fuman marihuana y parece como si tuviese ese "puntito" siempre). El legado de los Romanov entronca con la herencia mexicana, y la transmisión de la enfermedad a la indefensión que han tenido (y siguen padeciendo) los indígenas, de cuyos fetos salen las células madre con las que se curan los ricos. "La vida es barata". "Curar es una evolución". Un episodio difícil de digerir, hablado en partes en español, con personajes tristes que intentan transmitir un punto de esperanza un tanto irreal. Paradójicamente, Diego Rivera, marxista, hubiera estado del lado de los que ejecutaron a los Romanov. Del episodio me gustan muchas cosas, especialmente todo lo relacionado con el arte, las vistas desde las pirámides, la catedral que antes era un lago, el cuadro…, y la denuncia, claro está (incluida la del jefe de Abel que investiga la desaparición de estudiantes), pero tengo la sensación de que no encajan bien las historias. ¿Por qué Victoria no le pregunta a Abel qué hacía en la clínica si no estaba enfermo? La fábula es la voz en off de Abel que empieza imaginando mujeres perfectas en momentos casuales y acaba introduciéndonos en el cuadro, con unos personajes luchadores. El toque cómico lo pone el chaval, inocente, que acepta la enfermedad y da una lección de entereza (me esperaba más chascarrillos de Griffin Dune). La mentira surge de Abel (que no está enfermo), de Victoria (que en el hotel en el que se hospeda no dice su nombre), y, por supuesto, de los poderosos y de la clínica que los atiende. Cócteles fuera de serie: Abel prefiere tequila, pero su jefe le invita a whisky en la oficina. Abel bebe cerveza y le pide un Gin Martini a la enfermera que le ayuda (la actriz se hace un jaleo con las aceitunas, que a punto están de caerse).




2 comentarios:

Marta dijo...

Yo también la estoy siguiendo y me está gustando; he de decir que al principio pensaba que sería una serie de época y al empezarla me quedé descolocada, pero me está gustando, cada semana me deja con ganas de más :)

Daniel Moltó dijo...

Yo la estoy degustando como si tuviera delante una tabla de quesos franceses y una botella de vino tinto. Que sí, que no es Mad Men...pero me interesa lo que me cuenta y capto las ironías, la crítica y la nostalgia. Y la gente es estilosa y fuman un montón y suenan Scheherezade y los conciertos 2 y 3 de Rachmaninoff...y el apartamento de Anushka! Y Anushka!