13.2.23

El solterón y la menor (1947): Shirley Temple se enamora de Cary Grant, su don Quijote

Opinión de El solterón y la menor (The Bachelor and the Bobby-Soxer, 1947), de Irving Reis, en la que Shirley Temple se imagina a un Cary Grant quijotesco.

Así ve Shirley Temple a Cary Grant, como un caballero andante de brillante armadura, un don Quijote.

Esta película no tiene ni pies ni cabeza. Cary Grant es un pintor y profesor de arte llamado Dick Nugent, que hace un poco lo que le da la gana, como llegar tarde a su propio juicio por liarla en un bar. El juez de dicho juicio es una mujer, Margaret Turner (Mirna Loy) centrada en su curro y en cuidar de su hermana pequeña Susan (Shirley Temple). La pobre es una siesa, todo lo contrario que Susan que tiene las hormonas aceleradas. 

Susan mira a Dick y ¡flechazo!

Susan se enamora de Dick en una de sus charlas en el colegio. Que es cuando se lo imagina como un caballero andante. Aunque es la menor del título, la niña no se corta un pelo y es capaz de insinuarse y de esperar a Dick en su piso. Los pillan, no hacían nada porque Dick pasa millas, pero el escándalo está servido. Él tiene 43 años; ella, 19 años, aunque tenía que aparentar que no pasaba de los 16.

El cachondo de Dick no sabe la que se le viene encima. Le duele la cara de ser tan guapo.

Pero a Margaret se le ocurre que para que a la niña se le pase el sofocón, Dick debe acompañarla como si fuera un juego, para que ella se dé cuenta de que no puede haber relación con un tipo que podría ser su padre. Susan, al contrario, está encantada con que se lo pongan en bandeja. A Dick le obligan porque así no le denuncian y además le quitan todas sus multas. Lógicamente, la jueza se enamora de Dick aunque se haga la dura. Menos mal que por ahí anda el médico de la familia que es el único que pone cordura. 

Susan cierra muy fuerte los ojos porque ve alucinaciones, ve molinos donde no los hay.

Una vez más, Cary Grant demuestra que da igual lo que se ponga que era un señor elegante hasta medio tirado en un sofá hablando por teléfono. Hay una escena memorable y divertidísima en la que se remanga los pantalones, se ahueca el sombrero y comienza a hablar como un chaval (de finales de los 40, claro) para avergonzar a Susan y a su familia y que así pase de él.


Lo más sorprendente es que la película ganó el Oscar a mejor guion original (alucino). 

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