1.5.19

Barry 2x5 ronny/lily: el largo plano secuencia de la pelea más antológica

Hay episodios que marcan la diferencia. Bill Hader ha dirigido uno de los mejores del año y de los más originales de Barry, la serie que protagoniza. Se desmarca de las clases de interpretación, de su novia y de sus problemas con Hank el calvo para centrarse en una peripecia delirante compartida con su jefe Fuches. A partir de aquí, spoilers del episodio 2x5 de Barry, ronny/lily.





Dejamos a Barry ojiplático cuando es pillado por el detective Loach, que, en vez de arrestarle por el asesinato de su compañera, le "compra" para que se cargue al nuevo novio de su ex mujer. Con lo que no cuenta Barry es con el día más largo de su vida, al estilo Jó, qué noche, que le depara el encarguito. El tipo en cuestión (Daniel Bernhardt), que fisicamente se parece a Jon Hamm, alto, apuesto y atlético, es un especialista en Taekwondo. Barry, encapuchado, entra en su casa, con la intención de ahuyentarle porque no quiere matarle, mientras Fuches le espera fuera en el coche (creyendo que sí se lo va a cargar). Todo lo que sucede entonces es descacharrante, dentro del humor más macabro, pues Ronny, el tipo que parece que va a acatar las indicaciones de Barry, se enfrenta a su oponente en un largo plano secuencia de cuatro minutos, de estos que se llevan ahora, en el que Bill Hader puede escaquearse, pues lleva máscara, y le dobla un especialista (como ocurrió en la magnífica secuencia de pelea de Daredevil). Barry no le mata, soporta lo indecible, hasta el punto de que Ronny, con la traquea rota (algo realmente grotesco) sigue peleando sin lógica alguna.


En esto, que entra en la ecuación Lily, la hija de Ronny, en apariencia una niña rubia angelical, pero, como nos rebela su indumentaria, también es una especialista en artes marciales. No solo eso, es que se enfrenta a Barry como una loca de los gatos, rugiendo como un animal, como un niño espeluznante de Los chicos del maíz, cruel e inhumana, algo sobrenatural. "¿Qué es?", llega a decir Fuches. Salta, vuela, contraataca, hasta escapa por la ventana. ¿Cómo matar a un niño? Obviamente, Barry se niega a perseguir a la chica, pero es una testigo de la muerte de su padre. ¿Qué hacer contra esta menor que parece Bruce Lee en una película de Tarantino? Fuches no lo duda, hay que matarla cuanto antes. Esta persecución por una zona residencial es de traca, pues Fuches, cegato, confunde a la niña con un cubo de basura, mientras Barry, muy malherido, se desmaya y sueña que regresa a casa como soldado (surge de nuevo el desierto, metáfora de su parte más violenta: entrena a los checheos en el desierto, mata en él). Fuches no sólo no ve ni torta, es que tiene lagunas, como cuando Barry le pide que compre hilo y aguja para coserle la herida en la espalda, y él no recuerda exactamente qué tiene que comprar. Obviamente, Barry, que quería haber ido al hospital, se deja mangonear una vez más por Fuches, que le sigue tratando como a un hijo, pero en realidad se aprovecha de él para ganar dinero (de hecho, cuando descubre que Barry trabaja para los chechenos reclama su tajada).


Cuando encuentran a la niña, esta se sube por un árbol y se queda cual gárgola sobre el tejado. Barry ya ha desistido de matarla, pero Fuches sigue obcecado. El humor surrealista y algo pueril que viene a continuación, funciona sin embargo de maravillas. Fuches le echa pegamento en la herida, pero se queda a su vez pegado al volante. Sin capaz de maniobrar y con Barry sin fuerzas, la niña se cuela dentro del coche y le muerde la mejilla. Huyen despavoridos a una farmacia, y Barry, ensangrentado, se encuentra cara a cara con Ronny que no había muerto. Sin perder su código, Barry se zafa de sus ataques sin matarle, un tanto absurdos, porque Ronny también está hecho polvo. En el lío, Fuches sale huyendo y se choca con un coche de policía (pero logra escapar) y el detective que contrató a Barry dispara a Ronny. Barry se encuentra entonces encañonado por Loach, como si Barry fuera armado, pero nuestro amigo se libra porque otros polis acribillan a Loach. Barry escapa de nuevo, con Ronny y el policía muertos, dos testigos menos de sus andanzas.




Un episodio para enmarcar, donde la acción no decae, los diálogos son sensacionales y el humor fluye de maravilla, con un Barry que comienza a comprender definitivamente que a Fuches le importa regulín.

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