6.3.20

Cómo reinventar Alta fidelidad desde una perspectiva femenina (y que salga redonda como un vinilo)

(diferencias y coincidencias entre Alta fidelidad película con John Cusack y serie con Zoe Kravitz)


En Alta fidelidad (High Fidelity), John Cusack malvendía vinilos en su pequeña tienda de discos de Chicago, mientras enumeraba de cinco en cinco sus rupturas más memorables (la última, la más dolorosa, la de Laura) y esas canciones que compondrían la cinta de casete perfecta compartidas con sus dos empleados, Dick y Barry, interpretado este último por el actor (y también cantante) Jack Black, que los dejaba a todos con la boca abierta gracias a su inesperada versión del Lets Get it on, de Marvin Gaye. Dos décadas después, la tele (en concreto, la plataforma Hulu; aún sin canal en emisión en España) reinventa la película de Stephen Frears, basada en el libro que Nick Hornby publicó en 1995. Esta es la segunda vez que se adapta una novela del escritor inglés en cine y televisión, tras Un niño grande (2000), con Hugh Grant, convertida en serie en About a Boy (2014).

Pero los tiempos han cambiado y la reflexión mordaz de pareja y de miedo al compromiso que dibujaba Hornby, con el reexamen de Rob de sus relaciones fallidas, está narrada ahora desde una perspectiva femenina. Rob, el hombre hetero blanco, es ahora Rob, una mujer birracial y bisexual interpretada por Zoe Kravitz, que también produce. "Para hacerlo moderno y contar una historia diferente, parece que hacerlo desde un punto de vista femenino era absolutamente necesario", han comentado las creadoras de la serie, Veronica West y Sarah Kucserka en una entrevista en The Hollywood Reporter. Si Cusack tenía fama de lucir camisetas de los Clash en cada película que se lo permitieran, el pedigrí musical de la hija de Lenny Kravitz y Lisa Bonet es innegable. Curioso es que el único punto de color de una película en la que todo era #sowhite fuera la propia Lisa Bonet, que interpretó a una cantante, la fantasía sexual hecha realidad del melómano protagonista. Como siguen comentando las productoras: "La tienda está ahora en Brooklyn. No queríamos hacer una serie con personas homogéneas de una raza o de una sexualidad. Esas historias ya se han contado".

¿Era Zoe Kravitz, actriz de Big Little Lies, la elección más acertada? El propio Nick Hornby da la respuesta en ‘Rolling Stone’ (dónde sino, recordemos que de haber podido elegir, Rob hubiera sido periodista musical de la mítica cabecera). Cuenta el escritor, que, junto a los derechos cinematográficos vendió los televisivos, "lo normal", en los años 90; que a finales de 2018, "una amiga de una amiga de Zoe Kravitz" contactó con él. Y que todo parecía encajar. "Es raro que su padre sea una estrella de rock. Es raro que su madre estuviera en la película". La actriz le mandó una lista con sus temas favoritos (muy apropiado) y voilá. "Ha hecho un buen trabajo. Cada vez que he tenido motivos para volver a sumergirme en el libro, me ha sorprendido su melancolía. Eso se transfiere a la serie, la Rob de Zoe lo tiene", explica Hornby en su artículo. Y añade: "Su música es un escudo contra el mundo, pero no puede proporcionar toda la protección que necesita, y en cualquier caso, su generación tiene más de qué preocuparse que la mía".


Una generación que busca en la ficción su propio reflejo, ya sea en comedias inteligentes como Sex Education o dramas hipnóticos como Euphoria. Comentaba en una reciente entrevista John Cusack que parte del éxito de la película Alta fidelidad fue "un clima de cine cuando no todo tenía que pasar por algoritmos y pruebas". Parte del éxito de la serie es alejarse del remake, para reinventarse y proyectar su propio camino. La nueva Rob sigue rompiendo la cuarta pared, vomitando la misma desazón romántica y existencial. Hay un momento incluso que mirando a cámara pide ayuda al espectador, en un giro más propio de una serie como Fleabag. A diferencia de Rob hombre, la joven treinteañera luce tatuajes, fuma porros, además de cigarrillos, y bebe whisky a palo seco. No tiene un único interés amoroso y se apoya mucho más en los personajes que orbitan a su alrededor, algo necesario al ser una temporada de 10 episodios (y con probable segunda entrega).

Secundarios creados desde una perspectiva mucho más amplia, celebrando la inclusión racial y la diversidad sexual. Entre ellos, sus dos empleados (y colegas). Simon (David H. Holmes) ahora es el tímido ex novio gay, de lo mejor de la serie (cuenta con episodio propio), y Cherise (Da’Vine Joy Randolph), la émula de Jack Black, es una mujer negra mucho más histriónica y reivindicativa (sus diálogos tarantinianos sobre cultura pop son canela fina). Si en el filme, el personaje de Black se negaba a vender un vinilo a quien no lo mereciera, en la serie Cherise se encara con otro por buscar la canción que suena en la tienda con la aplicación Shazam. ¿Por qué no preguntarle a ella?

Y es que, aunque el avance tecnológico actual es imparable, en la pequeña tienda se respira el mismo aire vintage que en el filme, por mucho que se vean móviles, se hagan listas en Spotify, se busque el perfil de Instagram de un ex o se hable de una crítica en Yelp. Si la tienda de Rob sobrevivió a la gigante Virgin, la de la nueva Rob tiene aún más mérito de seguir en pie (con Virgin, lo que es la vida, fuera de juego). Como comenta la protagonista, una mujer analógica en un mundo digital, los vecinos creen que su tienda es una reliquia o ellos, unos hipsters nostálgicos. Rob, Simon y Cherise como jóvenes reacios a la modernización total de su generación.

La serie contiene homenajes y múltiples referencias al original. Un bar que se llama De Salle, como el personaje de Lisa Bonet (Marie de Salle); el ex de Rob (Mac) que se muda a Londres, donde originalmente transcurría la trama del libro; el cameo de Debbie Harry, Blondie, en sustitución del de Bruce Springsteen en el filme. Y otras certeras variaciones. Además de periodista musical de Rolling Stone, Rob hombre quiso ser músico, con una excepción: cantante de rap. Sin embargo, en la serie, Rob mujer lleva camisetas de Beastie Boys desde pequeña, escucha a Outkast y tiene un poster de The Nororious Big en la tienda. Rob hombre se acostaba a la primera de cambio con otra tras la ruptura con Laura; Rob mujer espera un año tras su final con Mac (es cierto que en ambos casos la motivación es la misma: saber que la/el ex está con otro/a). Rob hombre conoció a Laura siendo DJ; Rob mujer conoció a Mac a través de su hermano Cam (comparten las mismas letras, a la inversa), para aprovechar mejor en la serie la relación entre hermanos (Cam, además, va a ser padre primerizo y está asustado por la pérdida de libertad que conlleva cuidar un bebé).

Aunque se vuelve a los clásicos, se habla de nuevos géneros musicales (como el catstep) y la actitud es de tolerancia cero, con menciones a Polanski o Michael Jackson. Destacar también el magnífico episodio (incluido en el libro, pero no en el filme) con Parker Posey, cuyo ex marido es un misógino que desprecia el conocimiento musical de la joven Rob solo por el mero hecho de ser mujer. "Es como ser mujer en una película de Michael Bay", dice ella. Algo en lo que se incide en una fiesta snob de una ex, cuando una de las invitadas le comenta lo "audaz que resulta que seas la dueña de una tienda, un espacio históricamente masculino". Si Lisa Bonet como Marie de Salle demostraba ser una mujer empoderada al decirle a Rob, tras acostarse con él, que "no es malo sentirse jodida y cachonda a la vez, por ese cabrón (su ex) no me perderé un buen polvo"; su hija Zoe Kravitz, como la nueva Rob, tampoco se queda atrás, con la posibilidad de elegir entre varios hombres, presumiendo en concreto de la estrella de rock 10 años menor que ella. Eso sí, no se le perdona que no haya visto Los Soprano (algo en lo que se menciona en la serie varias veces).

Para algunos críticos, como Margaret Lyons de The New York Times, la serie no acaba de comprometerse, es superficial, dice, porque se afirma que "lo que te gusta es más importante que lo que eres" y cuando Rob debe definir su gusto dice que "a ella le gusta simplemente la buena música". Otros como Jen Chaney, en Vulture, destacan de esta "versión interesante y divertida del clásico original", lo contrario, cómo mientras Rob hombre quería asegurarse de que otras personas estuvieran de acuerdo con él a toda costa, en la serie "Rob es menos crítica con los gustos de los demás. Ella es tan genial sin esfuerzo que parece que no debería dudar de sí misma, pero eso hace que su duda sea mucho más poderosa". La perspectiva femenina, en efecto, logra que empatices más con otras formas de pensar, o como comentaba el propio Nick Hornby en Rolling Stone en relación a los que les pudiera chocar la diversidad y que la serie se haya alejado tanto del libro: "Alta fidelidad no se trata solo de ti, trata de personas que no son como tú".

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