30.5.18

Roseanne, el ayer y el hoy de una serie que provoca rechazo

(subida originalmente 5.5.18; actualizo con la polémica sobre su cancelación, abajo)

Roseanne ha vuelto. Cuando en EEUU llevan ya unos cuantos episodios, Neox anuncia que la emite en abierto. Ya era hora de hablar de Roseanne (vistos los tres primeros).

Con spoilers del final de la serie Roseanne original.




MIS RECUERDOS DE ROSEANNE (1988-1997)
La risa de Roseanne Barr al final de cada intro de su serie es una de esas cosas que no olvidas en la vida si eres adolescente. Era como reírse del mundo, del productor del programa y del espectador. Roseanne (1988-1997) se adelantó a su época (como mujer que no calla, al estilo Murphy Brown, por ejemplo, o como ama de casa en guerra, a lo Matrimonio con hijos, que empezó dos años antes como paradigma de familia white trash). Roseanne era gorda y le daba igual. Era grosera, pendenciera y desagradable, y se lo pasaba por el forro. Trataba a sus hijos como basura, a su marido, con desdén. Odiaba el mundo, los convencionalismos, era una hater aguda.


Su forma de demostrar que era un ser libre e independiente, ajena al qué dirán, era de tal calibre que hasta se reía con sus propias bromas. Roseanne, la cómica, nunca fue una actriz al uso. Soltaba sus diálogos como si tuviera un micro delante (Roseanne se grababa con público y ella les sonreía, saltándose la cuarta pared, y todas las que hicieran falta). La actuación la sostenía John Goodman cuando le daba las réplicas, porque Roseanne parecía estar siempre como colocada, como subida a un escenario imaginario desde el que sólo le faltaba saludar. Lo paradójico de todo, de este alegato al sé como quieras ser y sé feliz a pesar de todo, es que, sí, joder, Roseanne era una rebelde y molaba, pero si me preguntabas nunca querría ser como ella. Alguien que "admiras" pero que, al mismo tiempo, rechazas. Así es. Me ocurrió con Roseanne como con Los Simpson. Si Roseanne era el azote de la casa como ocurría con Marge, John Goodman (Dan) era el esposo casi ausente, que ahogaba su frustración bebiendo cerveza (y sólo cerveza, recuerdo cuando casi le da un chungo por equivocarse en la nevera y beber leche). Tenían a sus tres hijos, el niño pequeño DJ (por tener a algún otro varón en la casa) y dos hijas muy diferentes entre sí, pero que siempre estaban a la gresca también.


Nunca vi Roseanne entera. Recuerdo ver en la tele episodios cuando coincidía que comíamos o cenábamos, algo que me pasó también con El príncipe de Bel Air. Nos hacía gracia que estos losers fueran felices en su ignorancia. Por eso, cuando en la serie, los Conner ganaron la lotería todo se fue al garete. ¿Por qué? Porque ninguno de nosotros queríamos que triunfaran, que fueran nuestros vecinos. Queríamos que siguieran en la mierda, riéndose de ellos mismos, demostrándonos que nosotros habíamos tenido un poquito de mejor suerte. O que los Conner, también es cierto, se merecían su situación, pues, a pesar de intentarlo malamente, nunca habían sabido salir del atolladero.


ÚLTIMO EPISODIO 9x24 (spoilers del final de la serie)
La sorpresa llegó con el último episodio de la novena temporada y final de la serie (ojo, que duró nada menos que nueve entregas). En este episodio bastante desconcertante, la familia y amigos se reúnen alrededor de la mesa de la cocina (algo habitual), comiendo comida china, para que asistamos como uno de ellos a la verdad. Porque resulta, resumiendo, que toda la serie Roseanne no existe en realidad, es una ficción que ha estado escribiendo Roseanne, a modo de diario.

La realidad (y no la ficción de su relato) es que a los Conner nunca les tocó la lotería; que Dan, su marido, murió, y que ella acaba sola en su casa, viendo la televisión. Hasta su hermana Jackie (Laurie Metcalf) era lesbiana (y eso que se había enrollado con nada menos que con George Clooney en el primer episodio de la serie). Es un episodio prácticamente entero en voz en off, con momentos en los que la cámara somos nosotros, como si fuéramos el bebé de Darlene desde la cuna, y todos los personajes van pasando frente a nosotros. Roseanne decía entonces que el amor era más fuerte que el odio, que Dios, él o ella, si existe, estaba dentro de nosotros. Esto debió dejar a los fans de la época (yo no lo recuerdo) hechos una mierda. Roseanne se despedía, viuda, y con los hijos lejos de ella. Eso sí, un poco más delgada y menos borrica que cuando comenzó la serie.

EL REVIVAL (2018)
Sorprende que 30 años después el elenco protagonista se implique en su revival. Al estilo de Will y Grace (que también se reinició sin tener en cuenta el final de la serie), los guiños a la serie original son una constante. Laurie Metcalf, nominada al Oscar este año por Lady Bird, es de lo mejor, pues le han dado más cancha. Es curioso pensar que cuando acabó la serie en 1997, John Goodman estaba en lo más top rodando con los Coen El gran Lebowski (de hecho, Dan toma muchas referencias de su personaje, Walter Sobchak). A Dan, obviamente, le resucitan, de ahí la primera coña en el episodio 10x1. "¿Por qué todos creen que he muerto?", dice riendo. Darlene y sus dos hijos viven con ellos, nada que ver con la viuda solitaria que nos pintó el final de la serie. Beckie está interpretada por la hija original (Alicia Goranson) y Sarah Chalke, que hizo de Beckie posteriormente, reaparece con mucha guasa, como la mujer que va a pagar a Beckie por tener un hijo. "Parecemos la misma persona", dice Beckie al verla. "Tú eres yo sin maquillar", le contesta.

La nueva serie toca temas de actualidad. Darlene tiene un hijo que sufre bullying porque parece marica (en una familia que cada uno hizo lo que le dio la gana encuentra apoyo aunque esté a años luz de ellos). Ser vientre de alquiler (¿pintan algo los abuelos de la criatura?). El hijo DJ ha regresado del ejército con una hija negra (su mujer sigue alistada). La hija adolescente de Darlene es peor que su abuela de pasota pero ésta la pone en cintura (algo que no sabe hacer Darlene). Y lo más raro y que desconcierta es que Roseanne ha votado a Trump y es una republicana extremista que se enfrenta a su hermana radicalmente liberal (dice que es una coach de vida).

Roseanne sigue siendo una tipa vulgar a pesar de los años (llega a decir que como no tiene bragas limpias lleva un filtro de café con gomas), pero eso no es lo que provoca rechazo (como ocurría en los 80). El problema ahora es descubrir que Roseanne es la típica obrera que apoya a ciegas a un tipo como Donald Trump. Por mucho que queramos, eso no hace gracia, ninguna. La cagaron al ganar la lotería hace 30 años y la están pifiando de nuevo al intentar colarnos esa EE UU que vuelve a ser grande por boca de esta ama de casa, conductora de Uber (tal cual) y madre/abuela que no entiende a las nuevas generaciones.


ROSEANNE CANCELADA
El 29 de mayo, ABC anuncia que cancela Roseanne, tras un tuit racista de la actriz en su perfil de Twitter. Aunque fue renovada y ha tenido éxito de audiencia, la cadena cancela la serie tras unos tuits desafortunados de la actriz.

Si has visto todos los episodios del revival estarás tan sorprendido como yo, pues Roseanne tiene una nieta negra (hija de DJ) y ayuda a su vecina musulmana cuando una cajera del supermercado la dice poco menos que se pire del país. Becki trabaja en un restaurante mexicano y, aunque Roseanne va a la gresca por sus ideas republicanas con su hermana, no dice las estupideces que ha soltado en su Twitter (y sobre todo lo que ha retuiteado de otros).

El reparto de la serie también ha opinado en sus redes sociales (aquí) y personajes famosos y gente de la industria (aquí).

Aunque Roseanne abandonó Twitter, tras la cancelación ha vuelto.













1 comentario:

JCF dijo...

Realmente la propia Barr es un personaje muy controvertido. Mujer poderosa en los ochenta, muy poco convencional y cada vez más conservadora. No sé cómo ira el tema de los ratings, pero por lo que cuentas la serie dudo que pueda complacer al televidente medio por lo polarizante de una figura como la de Trump, por mucha agenda social variada que exista en los capítulos. Como bien dices, poca broma. En la primera temporada del podcast de Malcolm Gladwell 'Revisionist History' habló del gran peligro que supone 'amabilizar' comportamientos y personas a través de la parodia poniendo como ejemplo la Sarah Palin que parodiaba Tina Fey. Él apostaba por la sátira por muy salvaje que pueda ser. Una sitcom con una Trump Supporter de libro sólo puede tener un target de espectador...