13.9.19

En el corredor de la muerte, claves de la miniserie sobre Pablo Ibar, un caso que indigna (y que esconde una gran historia de amor)

Opinión sobre En el corredor de la muerte, que ya se puede ver en Movistar+.


Cuatro episodios que son un mazazo. En 1994, Pablo Ibar, un joven de padre vasco y madre cubana, es detenido en Florida por trapichear con drogas, nada grave. En comisaría, su parecido físico con el asesino del dueño de un local y dos de sus bailarinas, le convierten en el principal sospechoso. Nunca más volverá a pisar la calle. Ibar es acusado y encarcelado. Una serie de fatídicas casualidades, pruebas nada consistentes y la evidente manipulación de los hechos le sentencian a muerte en el año 2000. El pasado mes de mayo, tras apelar una vez más, le conmutan la pena capital por cadena perpetua. Ibar se libra así de morir ejecutado (un castigo que había estado esperando los últimos 19 años), pero no de haber vivido aislado y con la muerte acechando, un daño psicológico difícil de imaginar. De hecho, el llamado síndrome del corredor de la muerte solo se da en este tipo de personas.

Más en mi artículo en ObjetivoTV: Un escalofriante relato contra la pena de muerte.
Mi entrevista personal a Miguel Ángel Silvestre por En el corredor.

Miguel Ángel Silvestre, en su mejor papel hasta el momento, se mete en la piel de Pablo Ibar en esta miniserie que estrena hoy Movistar+. En En el corredor de la muerte, basada en el libro de Nacho Carretero y producida por Bambú (juntos parieron la magnífica Fariña), el espectador sigue los pasos de este pelotari, sobrino del mítico Urtain, que deja a su padre en el País Vasco para visitar a su madre en Miami, y allí que se queda desoyendo los consejos del patriarca. Días antes de ser arrestado conoce a la que será su mujer, Tanya, que no se separará de su lado desde entonces y con la que se casó estando ya en la cárcel.

La ficción se moja y apoya la inocencia del español. Indigna cada secuencia relacionada con el procesamiento y los diferentes juicios. El sistema judicial en EE UU no funciona, da igual bajo qué mandato o tendencia política estemos. Ya lo hemos visto en otros true crime como Making a Murderer o la más reciente Así nos ven. Cada episodio comienza con la jura del presidente de turno (Clinton, Bush, Obama, Trump), para el caso es lo mismo. La serie condena la pena de muerte, se posiciona a favor de un juicio justo para Ibar. Este malestar que llega a calar en el espectador se alterna con momentos de felicidad, pequeñas píldoras de esperanza que dan luz a tanta oscuridad. En el corredor de la muerte es un drama con pinceladas de thriller que consigue emocionar, especialmente (al menos a mí) en una escena del último episodio en el que Cándido, el padre de Ibar, habla con Tanya sobre la última de las apelaciones (la ocurrida el pasado mes de mayo). La serie logra transmitir la lucha de esta familia por liberar a uno de los suyos y la confianza y fe ciega en Ibar, acusado injustamente y condenado por un delito que no ha cometido. Imprescindible.

Ahora a esperar lo próximo tras Fariña y En el corredor de la muerte. Ramón Campos me confirmó en el pasado Festival de Vitoria que ya está trabajando con Nacho Carretero en una tercera serie. La esperamos con ganas.

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