11.3.19

'After Life': 5 razones para ver la nueva serie de Ricky Gervais

Ricky Gervais es mi cómico favorito. Alcanzó la fama con The Office, el estatus con Extras (mi serie favorita del británico), pasó a ser secundario en Life's too Short (hacía de sí mismo), tocó el drama con Derek (no pude con ella) y, ahora, cinco años después, regresa a la dramedia con After Life, en Netflix. Después de ver sus seis episodios ésta es mi opinión sin spoilers.


5 razones para ver After Life.

  1. Es su proyecto más personal. Da la sensación de que es su proyecto más ambicioso, o el más personal. Escribí sobre esta idea en el blog allá por 2011, cuando Gervais tenía en mente hacer una serie llamada Afterlife, sobre una persona que muere y va al cielo. Recupera el nombre, pero se centra ahora en la muerte del otro, de su mujer, el origen de su pena. Gervais es Tony, un tipo gris, del montón, que vive en un pueblo, trabaja en un periódico gratuito, y se siente deprimido y amargado tras la muerte de su mujer, su alma gemela, la única persona que le importaba en el mundo. Sin ella, la única que soportaba su forma de ser bromista e infantil, se pregunta si la vida tiene sentido, si merece la pena vivir. Cuando habla del más allá, no cree en él, pero afirma: "Estaría en ningún lugar con ella antes que sin ella". Esto es amor. A lo largo de seis episodios, como en una fábula esperanzadora, veremos cómo Tony se redescubre a sí mismo y a los demás, a aprender a no autocompadecerse y a enfrentar la vida como si fuera el último día. Tal vez, lo peor sea el final, demasiado empalagoso para mi gusto.
  2. Los personajes secundarios a lo The Office. Que la protagonice Ricky Gervais y que haga un poco de sí mismo (un tío que no se calla y dice verdades aunque duelan), ya es un must para mí, pero es que, además, los actores de reparto son de lo mejor. Como en The Office, Tony trabaja en una oficina con otros compañeros que le toleran su forma enojada de ser. Una becaria que observa (como si fuera el espectador), un reportero bonachón que tiene seguridad en sí mismo aunque no sea Brad Pitt, un jefe buenazo (que en otro tiempo hubiera interpretado Stephen Merchant, su alma mater) que aguanta lo que no está escrito y una reportera solitaria (enamorada de Kevin Hart) a la que le gustan los juegos. Todos ellos quieren que Tony sea feliz, pero él no se da cuenta y la toma con ellos. 
  3. La ayuda altruista como en Derek. Tony mantiene una rutina en la que, además de ir al trabajo, cuida de su perra, se enfada con el cartero, visita a su padre con demencia (David Bradley - Juego de tronos), visita la tumba de su mujer (allí habla con una señora cuyo marido ha fallecido, Penelope Wilton - Downton Abbey) y frecuenta a un traficante con el que fuma heroína (esto de la droga es nuevo en Gervais). La residencia recuerda a la de Derek, pero Tony simplemente se deja caer, su padre ya casi no le reconoce y no sabe qué hacer. Ver a una enfermera que ayuda, como lo hacía Derek, a los demás, le hace percibir la vida de otra forma y ver su sufrimiento personal de otra manera. La enfermera es Ashley Jensen (Catastrophe), que ya hacía de su colega en Extras, y su mujer fallecida, Kerry Godliman, que hacía de enfermera en Derek.
  4. El sentido de la vida, el sentido común. Alejado, como siempre, de la fe y de la religión, Gervais intenta comprender qué es eso tan importante que hay aquí para no querer estar allí, con su mujer. La serie trata no sólo las enfermedades mentales (la soledad impuesta), también el suicidio. Tony acude a un psiquiatra (Paul Kaye - Juego de tronos) que está peor que él y comparte experiencias con una señora que visita el cementerio. Entre todos, hablan de lo divino y de lo humano, de lo importante, de lo superfluo. Conocer a otras personas que han perdido a sus parejas le ayuda a sobrellevar el dolor. Al principio se regodea en los vídeos que le dejó su mujer animándole a vivir la vida y luego va fluyendo dejando atrás el enfado y la incomprensión. Los casos absurdos que debe de cubrir como reportero local le hacen ver que la vida es una broma y que las personas son felices con cosas mínimas (como poder comerse un menú infantil si como poco, ¿por qué no? Las reglas absurdas están para saltárselas).
  5. Aunque es un drama, tiene el humor brillante de Gervais. El cáncer de la mujer, la demencia del padre, la drogadicción, la enfermedad mental, la prostitución… son temas tabú que Gervais expone a las bravas, para que el espectador, entre sonrisas, se pare a pensar en esas cosas que parece que no son de nuestra incumbencia hasta que nos toca. Mientras se entristece con su padre, se ríe de la estupidez humana de los casos que tiene que cubrir para el diario. Y se ríe de lo que habitualmente se ríe Gervais: de los gordos que presumen de ser gordos, de los fanáticos de cualquier tipo, de los vagos, de la modernidad (la secuencia en la tienda de ropa cool es de traca), del rollo ecológico (la levadura vaginal, WTF), de los chavales que te asaltan por la calle para que firmes, de Hitler (el bebé con bigote)… Tiene puntos muy buenos, como cuando la becaria le dice que no conoce a Kenneth Branah, pero sí a Emma Thompson, y Gervais le explica que a Branagh no le gustaría ese comentario. O cuando se plantea la existencia de dios. "¿De dónde salió Dios?", pregunta. Y le dice a su sobrino: "Jesús no salvó a mi mujer porque es un idiota". Me quedo con una afirmación soberbia sobre la no existencia de Dios, cuando su colega le pregunta que si no cree en dios, por qué no hace todo lo que le apetece, ya que no habrá castigo, ni infierno. Y Tony responde escuetamente: "Es que no me apetece". Y añade: "Si no hay nada más después de la muerte, lo harás todo con pasión". Y lo más importante, y esto es una cosa que digo yo siempre: "Somos recuerdos". Y hay que crearlos porque es lo que permanece una vez muertos.

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