3.8.18

Entrevista. Rodrigo Cortés (Blackwood): "Si pudiera hablar con el ministro de cultura le pediría que no moleste"

En esta entrevista que le hice a Rodrigo Cortés para Club+ Renfe, el director habla de Uma Thurman, la protagonista de su última película, Blackwood (basada en la novela Down a Dark Hall), que se estrena hoy en cines; de cómo se organiza con sus múltiples colaboraciones y de cómo rodaría un hipotético filme en un tren.



Después de enfrentar a Robert De Niro contra Sigourney Weaver hace seis años en Luces rojas, vuelve con Blackwood donde transforma a Uma Thurman en la enigmática directora francesa de un internado para jovencitas díscolas. El director que metió en una caja a Ryan Reynolds en Buried confiesa que lo complicado sería rodar en un tren. Leer más (entrevista completa en Club+ RENFE).




También podrás encontrar mi entrevista a Rodrigo Cortés en el número de agosto de la revista Woman, en la que, entre otras cosas, me habló del vestuario de Zac Posen que luce Uma Thurman.


Algunas preguntas no entraron en ninguna de las dos publicaciones por falta de espacio, así que las incluyo aquí. Esta entrevista tuvo lugar en el hotel Villamagna, el 21 de junio de 2018.



Tus cuatro películas son puro suspense. Si tuvieras que dirigir una comedia, ¿qué te apetecería hacer? Tendría un componente negro, simplemente porque mi mirada del mundo tiene algo de veneno, algo de distancia. Mira Billy Wilder, ese componente sardónico y vitriólico es parte natural de su forma de expresarse, como en “Con faldas y a lo loco”, con señores que se disfrazan de señoras. O por eso me gusta tantísimo “Jó, qué noche”, de Martin Scorsese, porque es una comedia maravillosa cuando sus elementos están muy alejados de la comedia tradicional.

Parece que siempre estés implicado en algún proyecto, ¿no puedes estar sin hacer nada? Me incomoda la incomodidad, en cuanto me siento cómodo sospecho, eso es verdad. Pero no estoy orgánicamente capacitado para cumplir los mínimos, tengo que sentir que lo que hago tiene sentido, así que nunca voy a hacer, por mucho que haga, más de lo que de verdad pueda hacer. Por un lado, siento que soy un enorme perezoso, que estoy aplazando cosas que debería hacer. Y, luego, empiezo a valorar mi vida, y digo: ‘Si estás agotado, si no paras de hacer cosas’. En el momento en que paro, aunque sea un fin de semana, me siento culpable. Me da la impresión de que estoy perdiendo el tiempo.

¿Por qué te decides por rodar Blackwood? Este proyecto fue una sorpresa para mí mismo. Stephenie Meyer no olvidó la novela de niña, y por alguna razón que, honestamente, no he hablado con ella, son preguntas que prefieres no hacer, por cortesía, no por otra razón, consideraba que debía de ser una película completamente distinta a lo que ella visualizaba, y por alguna razón pensó en este director europeo, que había metido a un actor en una caja, y que había hecho una película con un truco de magia y hablamos con las dos productoras implicadas.

¿Cómo afrontas las críticas? Parto de la asunción de que decepcionas a alguien desde el momento en que te levantas por la mañana. En el mismo instante en que comprendes que cualquier cosa que hagas va a defraudar a alguien o va a gustar a otro, simplemente haces aquello en lo que crees, confiando en que aquello que tú sentiste va a ser recibido por otra persona. Igual que a ti te interesa un tipo de cine y a esa otra persona le interesa el cine que tú has hecho, y confías en una afinidad que os va a unir, y que va a comprender que hay más allá de esa premisa. La película, como cualquier buena película, y espero que ésta lo sea, debería dirigirse a todo el mundo. Podría ser sobre adolescentes para adolescentes que los tratara con absoluta condescendencia, con seis o siete sustos bien empaquetados, lanzados de forma directa, o podía ser algo que no siguiera las leyes teóricas hollywoodienses. Por ejemplo, la iluminación no es nada hollywoodiense, es una iluminación con vocación mucho más europea y sensorial, que juega mucho más con la oscuridad que en el caso de Buried, y que la trata como herramienta expresiva. Lo que ha hecho Jarin Blaschke es absolutamente sensacional. A través del sonido, de la música. Fuera de eso, cualquiera que esté deseando un filete y se le sirva un pez espada se va a sentir inevitablemente decepcionado, sobre todo, si cree que debería saber a filete. 

¿Qué le añadió Uma Thurman a su personaje? No cambió nada, pero un actor siempre pone algo de sí mismo. Si un director pone constantemente cosas de sí mismo aunque no tenga nada que ver con su vida, imagínate un actor. No son cosas concretas, imagino que es la forma de abordar sus emociones o cómo se relaciona con los demás. Si te refieres a experiencia traumáticas de su pasado no las compartió conmigo.

¿Pensaste en algún momento en elegir actrices españolas? Tenía sentido que fueran americanas. La academia de Madam Duree, había estado en otros lugares del mundo: en Londres Berlin, Paris y ahora en EE UU. Una de ellas es británica pero representa un personaje norteamericano. 

A la hora de rodar, ¿tienes algún tipo de manía o superstición? No tengo tiempo de tener manías en el rodaje. Siempre llevo el reloj, lo que más miro, además de la pantalla, es el reloj. Si se me ve en las fotos de rodaje, el making of o de los brutos, hay un porcentaje grande en el que estoy mirando el reloj con cara de angustia. No me da la vida, estoy constantemente controlando el tiempo que me queda, las horas que me quedan, las horas para que se vaya el sol… No tengo requisitos especiales, ni aguas especiales, ni cafés, ni un termo que me acompañe desde la infancia.

¿Dirías que eres un adicto al cine? Voy al cine, quizás, tres veces a la semana de media. Se puede considerar una adicción alguien que va al cine 12 veces al mes. Pero si tengo ganas de llegar a casa es más fácil que sienta el deseo placentero de encontrar dos horas para leer un libro, que para ver una película. Entre otras cosas, porque para mí ver una película es un rito que exige determinadas condiciones. No puede ser algo que suceda delante de mis ojos sin más, mientras pasa algo. Toda la liturgia es importante para encerrarme durante dos horas y que nada más sea posible.

¿Te consideras una persona optimista? Soy optimista. No es que me levante de buen rollo, aunque tampoco de mal rollo. Digamos que tengo una fe profunda en la vida. Como creo que todo tiene un precio, creo tanto que no hay manera de conseguir algo sin un enorme esfuerzo, como que, por lo tanto, todo es posible, porque sólo tienes que encontrar la manera de pagar el suficiente esfuerzo para llegar allí, y el resultado de eso es que eres optimista. No tengo un optimismo antropológico por el que las cosas van a ir bien porque sí. Creo que siempre hay algo que hacer con las circunstancias que se tienen.

¿El éxito es poder hacer lo que quieras, es que te comprendan, qué es para ti? Esas dos cosas son muy deseables y potencialmente agradables. Pero el éxito es conseguir la mayor comunión posible entre lo que pretendes y lo que consigues. Eso es, en el caso de una obra, lo que la convierte en exitosa, que sea la mejor versión posible de lo que deseabas que fuera. Y el desarrollar las condiciones que lo hacen posible. Me encantaría ser millonario para simplemente no pensar en el dinero. Lo mejor del dinero es no tener que pensar en él.

Creo que si tuvieras más dinero, pensarías más en el dinero… Probablemente. Sí, pues borra (risas)… pero no hemos hablado de eso tampoco, no he llevado el tema del éxito por ahí. Creo que tiene que ver con eso, no con mirar lo que estás haciendo, si no con lo que has hecho en los últimos diez años y decir: Tienen sentido. Se parecen a lo que quería hacer y sé lo que costó cada uno de los ladrillos que conforman ese camino.

¿El éxito no tiene que ver con los demás? No. Si tengo algo claro es que el éxito no tiene que ver con los demás. Igual que la felicidad, si es que existe, el algo tiene que suceder en las peores circunstancias. No puede depender de las circunstancias externas. No puedes estar bien porque las cosas fuera estén bien. Tienes que estar bien, estén bien o estén mal si no no estás bien, es otra cosa.

¿Vas a hacer cine en España? No he hecho otra cosa que hacer cine en España. Ya he trabajado con actores españoles. Creo que haré cine en España, hay historias que sólo se pueden contar así. Hay historias que sólo tienen sentido en inglés. Hay una parte que tiene que ver con la parte puramente industrial, que a partir de determinado presupuesto las películas se ruedan en inglés o no se pueden financiar, eso es natural. Pero hay muchas películas por debajo de ese presupuesto, afortunadamente. Y hay películas que sólo tienen sentido en Wyoming porque responden a la cultura de un lugar y no son trasladables a Francia, y otras que sólo se pueden contar en España, y me encantará rodar en España y con actores españoles.

¿Para ti dónde están los límites del humor? Es el debate más aburrido de los últimos tres años. Todo tiene límites, pero nadie sabe cuáles son y nadie puede ponerlos. Todos tenemos límites. Los que exigimos que no haya límites tenemos nuestros propios límites. Hay cosas que aceptamos y un punto a partir de las cuales somos incapaces de absorberlas. El límite no puede ser la ofensa. Cualquier cosa que uno haga ofende a alguien. No sé si me aburren más los límites del humor o los que hablan sobre los límites del humor.

¿Por qué hay una generación muy joven que salta a la mínima en las redes sociales? Creo que cada vez somos más infantiles, y esto es culpa de la generación anterior. Si los niños son más tontos, los padres son más tontos. Si alguien se enfada por absolutamente todo significa que no se le ha enseñado a aceptar sus frustraciones y es incapaz de absorber y asimilar la frustración y considera que es el centro de las cosas y que todo debería responder a sus deseos y parecerse a sus gustos. Si alguien es así es porque sus padres lo han educado de manera que ha aprendido a ser el centro del mundo. Puede tener algo que ver con eso. Es verdad que ese sentido estamos viviendo una especie de retroceso.

En el hipotético caso de que te hubieran llamado para ser Ministro de Cultura, ¿qué habrías dicho? Si me hubieran llamado, habría dicho: “Un momento, no cuelgues” y me hubiera puesto a hacer cosas, a ver cuánto aguantaba al otro lado del teléfono. Si pudiera hablar con el ministro de cultura le pediría que no moleste. Lo digo en serio. En el mundo de la cultura estamos muy pesados llorando y creyendo que nosotros podemos hacer depende de lo que nos permitan hacer que al final el trabajo más sensato y serio que puede hacer un político es no molestar. No me ayudes, pero no me lo hagas difícil. Nada más, no perjudiques.

¿Echas algo de menos del pasado? No echo casi nada de menos de cuando era pequeño, Mejor, ahora. Ir al cole era un coñazo. No he sufrido bullying, mi infancia y mi adolescencia han sido normales, pero el instituto era una mierda. Es mejor ahora sin exámenes, haces lo que quieres. De pequeño tienes que pedir permiso para absolutamente todo. No tengo una visión romántica ni nostálgica de nada. Estoy muchísimo mejor que con 16 años. Y a los 16 estaba mejor que con siete. Y no me ha pasado nada malo que yo recuerde ni echo nada de menos. Lo que sí trato de recordar de cuando era pequeño para no olvidarlo es esa época en la que me gustaban todas las películas. Las películas estaban bien o estaban muy bien. Todas te gustaban, luego estaba Karate Kid que me flipaba. Nuca salías del cine diciendo: Me gustó más la otra. ¿Cuándo salías de una de Bruce Lee diciendo que el final flojea? No quiero perder esa inocencia y no quiero tener el cinismo del resabiao. Eso sí que lo pienso constantemente.

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