25.12.17

Historias para no dormir: El televisor o la obsesión por la caja tonta

El televisor es uno de los mejores episodios de Historias para no dormir, la antología creada por Chicho Ibáñez Serrador. Me lo encontré en YouTube, y es una pena que TVE no recupere estas píldoras de terror cotidiano. En este caso, tal y como hace ahora Black Mirror, El televisor habla del mal uso de las nuevas tecnologías, y, en concreto, del cambio y la obsesión que puede provocar en un tipo normal la adquisición de un ansiado televisor en 1974. Una metáfora que se podría extrapolar también a una consola de videojuegos, un móvil o internet.


Protagoniza El televisor, el padre del propio Chicho, Narciso Ibáñez Menta, y María Fernanda D'Ocón, como su sufrida esposa. Atención a una jovencísima Kiti Manver como la hija adolescente. Además de la historia en sí, cómo se va desarrollando y exagerando, hasta convertirse en una auténtica pesadilla kafkiana para sus personajes, me llaman la atención multitud de detalles de la época que os sorprenderán u os harán sonreir.


Esos coches 600 en la calle mientras Enrique, el funcionario gris, viaja en el bus mirando las antenas de las azoteas; ese no parar de fumar un cigarrillo tras otro; el bar de la época donde se toma una caña con un sandwich mixto a toda prisa; el quiosco lleno de revistas sobre la tele; la "biblioteca" (cuatro libros) y la "discoteca" (cuatro vinilos) de Enrique; cuando suena la música de 2001 al ver su televisor en color; las lentejas en plato duralex con el vino y la gaseosa; los guiños a algunos de los programas de la época, incluido el 1, 2, 3… del propio Chicho.


El televisor anticipa algo que pasaría con la anteriormente conocida como caja tonta, que atontaba, con sus anuncios, que Enrique memoriza, o sus programas que provocan alienación, que logran que el espectador carezca de opinión propia y se crea a pies juntillas lo que le sueltan desde la pantalla. Habría que hacer un nuevo episodio dedicado al streaming, que podría ser otro tipo de obsesión retorcida, la de aquellos que se pueden pasar horas y horas de bingewatching sin importarles nada más, sólo con la inquietud de ver la serie antes que nadie. Ahí lo dejo.


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