22.8.17

Recuerda, de Alfred Hitchcock, los malos tratos, las mujeres y el psicoanálisis

La película Recuerda (Spellbound, 1945), de Alfred Hitchcock, contiene algunas frases memorables sobre las mujeres según el psicoanálisis, Nueva York, los malos tratos y la vejez. Basada en la novela de Francis Beeding, se llevó un Oscar por su música. Ingrid Bergman es la psicoanalista Constance Petersen y Gregory Peck su nuevo jefe, John Ballantyne, del que se enamora y que sufre amnesia. Esta entrada no contiene spoilers sobre la trama.

Sobre moda.
“Nunca me he atrevido a ponerme ropa demasiado femenina. A partir de ahora voy a comprarme todas las cosas que me gusten y que te gusten. Hasta sombreros raros, de esos que a una le levantan la moral”. Para Constance en esto consiste la moda. Lo dice mientras corta un filete que se come en el tren.
Sobre Nueva York.
En el concurrido hall del hotel Empire State de Nueva York, un desconocido con un puro en la boca se sienta al lado de Constance y dice: “Soy de Pitsburg, ésa sí que es una ciudad, se conoce gente estupenda y amable, en cambio aquí se puede morir uno sin que a nadie le importe. ¿Qué le parece si nos tomamos una copa ahora que nos conocemos? Esta ciudad se hace más inhóspita de día en día”. Cuando Constance y John cogen el tren vemos la estación de Grand Central.

Sobre los malos tratos.

En el tren, Constance le dice a John que deje el periódico (lo que vendría a ser el móvil hoy día) y que sigan hablando. Ella le dice que le va a odiar pues quiere indagar en su amnesia. “¿Y si yo me canso y te pego, lo considerarías un diploma?”, le suelta John. “Pero no me pegues demasiado”, contesta sorprendentemente Constance. Ella quiere investigarle y él besarle. Al final de la escena él le dice que “si hay algo que odie en este mundo es una mujer sabionda”. “Cariño, estamos empezando, no me pegues todavía”, se sonríe ella (acojónate).

Sobre las mujeres.
La pareja llega a casa del que fuera el psicoanalista de Constance, un viejito que parece despistado. “Las mujeres son las mejores psicoanalistas, hasta que se enamoran. Después de eso, son las mejores enfermas”, dice el doctor Alex. A lo que añade después: "El cerebro de una mujer enamorada opera a más bajo nivel intelectual".
La vejez.
No es agradable pasar horas solo, se dice el doctor Alex. “Cuando era joven me decía: ‘Si pudiera tener tiempo para mí en vez de perderlo con las personas…’. Ahora me digo lo contrario. Éste es el secreto de ser viejo, que todo se convierte en lo contrario. Los viejos son los que complican las cosas en el mundo. Siempre se están preocupando sobre lo que pasará en el día de mañana cuando ya no existan. Por eso hay tantas guerras, porque no hay otra cosa que les interese más a los viejos”. Mientras le da un vaso de leche a John,  anuncia: “Brindemos por la juventud, cuando éramos jóvenes y sólo sabíamos vivir”. Hitchcock usa otro vaso de leche en Sospecha.

El sueño de Dalí.
Cuando Constance le dice "Recuerda" al amnésico John siempre me acuerdo del Átame! de Almodóvar. En el sueño de John, que imaginó Salvador Dalí para el filme, las obsesiones del pintor español parecen ser las mismas que la del director británico, presentes en su cine. Un hombre cae de un tejado, algo parecido a lo que vemos en Vértigo. A John le persigue una figura con dos alas como si fuera la sombra de un pájaro en Los pájaros. Los ojos que todo lo ven parecen los del voyeur de La ventana indiscreta. También se siente perseguido por un tipo sin cara, por alguien que no existe, como en Con la muerte en los talones. Pienso, además, en Ciudadano Kane, pues ambas películas parecen compartir el mismo objeto como el misterio inexplicable.

Hitchcock y la comida.

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