20.8.17

El jardín de bronce: intenso thriller argentino sobre la desaparición de una niña

Si te gustó The Missing, El jardín de bronce te apasionará. Esta miniserie argentina de ocho episodios, que se puede ver en España a través de HBO, le da una nueva vuelta de tuerca a la desaparición de una menor y la búsqueda desesperada de su padre por encontrarla.


(opinión sin spoilers)
Moira, una niña de cuatro años, desaparece sin más. No hay pistas con las que la policía pueda descubrir quién se la ha llevado y por qué. El primer episodio recuerda a The Missing en muchos aspectos. En vez de un niño es una niña, pero al desaparecer también el padre está presente, aunque en El jardín de bronce de una forma indirecta. En ambas series, el padre es el único que no parará hasta dar con la verdad, pues la burocracia y el papel policial dejan mucho que desear y entorpece cualquier adelanto. Como en The Missing, el padre no estará solo, pues le acompaña un veterano investigador (aquí más un aficionado con cierto olfato) que también se tomará el caso de una forma personal. Si en The Missing la primera pista era la bufanda del chaval, aquí es un muñeco de peluche (con el que aparece el padre en el cartel de la miniserie). En ambas series también la historia se sitúa en unas localizaciones que irán cambiando dependiendo de la investigación, con un motel y parte de la mafia enredando por medio.

Más allá de estas coincidencias con The Missing, que era una muy buena serie (al menos, la primera temporada), El jardín de bronce encuentra su propio sitio por varias razones. Esconde desde el título numerosos enigmas, algo que provoca en el espectador una constante sensación de no saber nada, de tener que esperar al siguiente episodio para ir desenroscando la intensa trama. Es decir, El jardín de bronce engancha de forma brutal de principio a fin. He de confesar que puse el primer episodio y ya no pude parar, viendo la miniserie prácticamente del tirón. Con numerosos "sospechosos" de por medio y alguna que otra pista falsa pero bien llevada, El jardín de bronce adentra al espectador en una investigación en la que todas las opciones están abiertas, con la ciudad de Buenos Aires de testigo, incidiendo especialmente en su arquitectura. Una ciudad luminosa y abierta, paradójicamente, en contraste con la pasividad de la policía y la energía visceral de un padre que hará lo que sea con tal de encontrar a su pequeña.

Si algo destaco de El jardín de bronce, aparte de la tensión permanente del buen thriller, es la interpretación de sus actores, especialmente, Fabián (Joaquín Furriel), el padre, que recuerda con su mirada y su temple a Elijah Wood, y el detective Doberty (Luis Luque), que consigue sus propósitos sin dejar de sernos entrañable. La idiosincracia propia del ser argentino es un punto a su favor, esos diálogos que se pisan, donde los silencios sólo tienen sentido cuando los protagonistas se enfrentan al villano, con esa mirada al juego entre la mafia y la policia entre argentinos y peruanos, que desaparece rápidamente. Sin embargo, no hay que dejarse engañar, porque El jardín de bronce es más bien un laberinto en un jardín, pues como en las muñecas matrioska va escondiendo lo que podrían ser diferentes series en una, historias que se van uniendo sin tener conexión aparente, para encontrar al final de la serie un clímax inesperado que, aunque en cierta manera delirante, consigue dejarnos satisfechos.

El jardín de bronce gustará los que amen el suspense, las buenas interpretaciones, las localizaciones exteriores, abundantes, y los enigmas que hay que resolver uniendo piezas aparentemente inconexas (algunas de ellas a modo de sugerentes flashbacks).

(opinión con spoilers)

El jardín de bronce comienza siendo la fantasía de una niña que les dice a sus padres que "el hombre del jardín" ha hablado con ella. Este misterioso personaje será la clave de todo, lo sabemos, pero los guionistas no nos lo ponen en bandeja hasta prácticamente los episodios finales. Hasta ese momento en el que se empieza a desenredar la maraña, asistimos a la relación de un matrimonio que no lo lleva nada bien, al suicidio de la mujer, a la tía de la mujer (Norma Aleandro) que sabes que algo más debe de pintar en esta historia, a ese marido desesperado que desconfía de la policía, a ese grupo policial dividido entre los que se lo toman con ligereza y los que intentan ayudar de verdad, a esos testigos fortuitos del secuestro que comienzan a dar las primeras pistas, el metro de Buenos Aires, la vagabunda, el investigador que trabaja sin cobrar, su mujer que le anima, los amigos del marido que intentan echarle un cable, ese hermano del marido que nunca llega a aparecer y que mosquea tanto, ese policía con cara de malo que luego resulta ser bueno, el líder de la mafia con corazón aunque trafique con mujeres… Ésa es la primera serie, la del marido que investiga paralelo a la policía con la ayuda del detective, que descarta que sea la mafia quien se haya llevado a su hija. Luego hay otra serie, 10 años después, cuando aparecen nuevas pistas del caso (la pistola que señala como sospechoso a uno de los policías) y el padre y el detective se vuelven a embarcar en la investigación. Ya no son los mismos, pero asumen de nuevo el riesgo, descubriendo un nuevo mundo para el espectador: el del arte en bronce, pues el criminal está relacionado con ese mundillo, las arañas de bronce, la historia de la familia de escultores. Algo que nos resulta tan ajeno como fascinante. La pregunta sigue siendo la misma, pero intuímos ya que Moira sigue viva y que tendría 14 años. Hay una tercera serie, ya sin el detective, asesinado con un extraño artilugio en forma de araña, en la que el protagonista absoluto es el padre, que viaja a su particular Carcosa, un submundo deprimido, a orillas de un río, donde los paletos no son tan tontos y el principal sospechoso ha creado un jardín de esculturas de bronce. Cuando descubrimos quién es el secuestrador (al que mata el padre) y que Moira sigue viva, regresamos a Buenos Aires donde comienza una cuarta serie que se sostiene en la última y definitiva pregunta: ¿por qué un escultor de bronce que vive apartado en un bosque quería secuestrar a Moira? Y en poco más de 10 minutos nos ofrecen la traca final. El tipo estaba obsesionado con la niña porque en realidad es su hija. Imagínate a ese padre que ha dado la vida por la niña, sintiéndose engañado por su mujer. Pero aún hay más, porque la tía, que ya sabíamos que Norma Aleadnro tendría que dar más de sí, lo sabía todo, y durante más de 10 años mantuvo la boca cerrada. La mujer de Fabián y el secuestrador en realidad eran hermanos, cuya retorcida relación intentó evitar la tía. Todo esto es como una cascada final donde nos sentimos Fabián y empatizas de golpe con todo lo que le ha ocurrido y lo que piensa. Pero Fabián quiere a su hija, aunque no sea suya, y ésa es la principal moraleja de esta dramática historia que te deja sin aire hasta el final.

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