2.6.17

Entrevista Jose Coronado: "En Gigantes mi personaje es la devastación moral hecha persona"

Enrique Urbizu coincide por cuarta vez con Jose Coronado en Gigantes, un melodrama con el tráfico de droga en el Madrid más castizo de fondo que Movistar+ estrenará en 2018.


En medio de un descampado en la periferia madrileña, el calor aprieta como si fuera verano. Sentados a la sombra bajo una carpa improvisada, las palabras de Enrique Urbizu se confunden con el canto chicharrero de unos pájaros desatados.

“Gigantes es un cruce de mis tres últimas películas –La caja 507, La vida mancha y No habrá paz para los malvados–”, explica. “Esos personajes que son extremadamente solitarios y están dispuestos a devorarse entre sí, que son feroces, pero en situaciones domésticas”.

Repite de nuevo con Jose Coronado. “Cuando vi esa materia prima tan espeluznante supe que el patriarca del clan, Abraham Guerrero, tenía que ser Jose. Se lo ofrecí diciendo: ‘Imagínate que es el padre de Santos Trinidad (No habrá paz…), que es aún peor”, recuerda el director que, de hecho, trabaja con el mismo equipo del filme.

Coronado se sale del austero personaje durante unos minutos, recogiéndose la melena racial en una coleta. “Abraham es la devastación moral hecha persona. Es un Mefistófeles moderno. Vivió la España más oscura de los 50, venía de un hospicio, vivía en la calle, no es gitano, pero ha vivido con ellos y mantiene una relación de amor-odio”, reflexiona. “Con los años ha ido construyendo un imperio en la zona del Rastro”. El estricto patriarca trata a sus tres hijos “de una forma cruel, casi humillante, lo que provoca un clima siempre al límite. Si lo ves por la calle te cruzas de acera”.

La trama, que arranca a finales de los 80, transcurre en la época actual, con Abraham controlando la entrada de la cocaína a España. Para Urbizu, Gigantes más que thriller, es un melodrama “a lo Douglas Sirk”. “Tiene mucho interior, una puesta en escena con prestancia y elegancia. Tiene una pinta de peliculón que no puede con ella”, comenta ilusionado, destacando que algunas escenas son inauditas en televisión, “de seis u ocho folios con varios personajes en una sala, con tiempo y su propio ritmo”.

Urbizu que no es nuevo en esto –dirigió episodios de Pepe Carvalho y Las aventuras del capitán Alatriste (“una experiencia frustrante de la que no quiero hablar”)– afirma que no será una serie fácil. “Es arriesgada por lo que cuenta, no hay concesiones, es elíptica, hay que estar atento. Es una serie… seria, para el que quiera comerse los hígados. No hay chorraditas, gente simpática, ni ninguna de esas mierdas”.

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