29.4.14

Mad Men 7x3 nadie te quiere Don, ni tú mismo

Ellos cortan el bacalao, y PUNTO.
(Mad Men 7x3 Field Trip review/opinion)

Mad Men comenzó siendo una serie en la que TODO EL MUNDO idolatraba a Don y se ha convertido en un frente de batalla contra él. Nadie le quiere (excpeto Sally, claro), después de un año sin hacer nada, decide regresar a la agencia, motivado por el rechazo de Megan. Ella, como todas las mujeres de su vida, es su motor. La quiere, no desea a la desconocida ni a la azafata ni a la secretaria de turno. Pero Megan desconfía. Es Don, por dios. De esta forma, tras otro viaje en avión (Don está esta temporada en las nubes, también metafóricamente hablando), Don repite el mismo diálogo con Megan que con su hija Sally. Agacha la cabeza y confiesa. No quería perder el estatus de ser "ese Don Draper" que Megan conoció, que supuestamente Sally idolatra. Megan se ríe, y llora, todo junto, porque ella no es Sally, no es su hija, es su mujer, se merece una explicación. Ella no necesita un padre ni un manager, necesita un compañero. Cuando Don ya no tiene excusa para volar, deja de estar en las nubes y toma las riendas de su vida. Lo que se encuentra en la oficina es desolador. Todo ha cambiado y no entiende nada. Nadie le apoya y todos se preguntan qué hace ahí. El protagonista de una serie, defenestrado. Joder con Matthew Weiner. Sólo los más jóvenes le reclaman, es una leyenda, no les ha hecho nada. Esto tiene que ver con los jefes. Le echa un cable Sterling, para el que Don era lo más. Ahora, sin embargo, tampoco entiende su "nueva" forma de vida, cuando a su piso entra otra joven hippie con su comida "del servicio de habitaciones". Don está mayor, de verdad. No quiere líos de faldas ni nuevos retos empresariales. Por eso, rechaza cualquier oferta que no venga de su agencia, donde se siente seguro, a pesar de todo. No quiere cambiar y esto es algo que le pasará factura, dependiendo de cómo se lo tomen los que están a su alrededor. Que Betty, por otro lado, viva su particular historia madre-hijo, no es casual. Sally ya es mayor para remediar el fallo, pero al pequeño aún le tiene ahí. Una conversación casual con una amiga le hace ver que los hijos se hacen mayores, que se van de casa, que las cosas cambian, y que ella se quedará sola. Betty que no ha dado un palo al agua y ni lo pretende, siente, de pronto, la soledad, ve su futuro, y decide tomar partido. Aquí la motivación llega, como con Don, de otra mujer. Betty acompaña a su hijo a una excursión escolar y participa y hace de madre, muy señorona, eso sí, pero es lo que hay. ¿Una mujer sin sujetador? Por dios. Betty es una clásica. Cuando su hijo vende su bocadillo a una compañera a cambio de dulces, Betty se siente ninguneada. Y castiga a su hijo. Pero, en realidad, Betty siente que no es valorada, que no es nadie, se siente vacía. Igual que Don. Son dos personas ancladas en una época, que lo intentan, pero no pueden cambiar. Betty no puede, como su amiga, montar un pequeño negocio, sacar adelante algún sueño, porque no los tiene. Se ha dejado llevar y ésta es su recompensa: no ha plantado nada, su cosecha está perdida. Betty no es Megan, es la noche y el día. Mientras Megan triunfa en los suyo (aunque le cueste asumir el rechazo), Betty se ha acomodado. Ésa es su educación. La otra mujer relevante en este episodio es Peggy, vestida muy chapada a la antigua también, se siente ninguneada como mujer y como profesional. Sola en la vida, sin amor, despechada, ni siquiera es capaz de optar a un premio físico que le reconozca que hace las cosas bien. Mad Men se ha convertido en una serie con seres insatisfechos, sin rumbo, que comienzan a tragar, sin tomar partido, por lo que les ha tocado vivir. Espero que sí lo hagan, que decidan sin pensar en las consecuencias, que vayan a por todas. Tal vez, se debieran unir. Peggy se merece su propio bufete; Betty, que su marido la haga primera dama; Don, dejar de llorar por insignificancias e ir al psicólogo como Tony Soprano. El detalle: la película que ve Don en el cine es Estudio de modelos (Model Shop), de 1969, parece reflejar lo que le ha tocado vivir: un hombre en Los Angeles se enamora de una modelo francesa. Lou hace referencia a Longfellow Deeds, de El secreto de vivir (Mr. Deeds Goes to Town), con Gary Cooper (1936). La última canción que suena es de Jimy Hendrix, If 6 was 9.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Capítulo muy duro. Es sencillo empatizar con Don y con todo lo que está pasando, al contrario de la pasada temporada, con aquel Don psicodélico. Weiner lo transmite a la perfección.
La frase, demoladora, sobretodo viniendo de quién viene, de Peggy:"Bueno, no puedo decir que te echásemos de menos".
Qué fácil sería que Don aceptase el cheque de la competencia y la "oferta" de la rubia.....

Jose Gestido

Vic Gutiérrez dijo...

Mad Men no se ha convertido en una serie de personajes insatisfechos, más que nada porque siempre ha sido eso. La diferencia, por poner el ejemplo de Don, es que antes era un hombre exitoso, pero con vacíos existenciales. Y ahora que todos le dan la espalda se evidencia más esa inseguridad, al intentar retener lo que antes era tangible:su dudoso matrimonio con Megan o su puesto en la agencia (incluso al alto precio impuesto). Esa es la diferencia con Betty. Puede que sea una mujer clasista y anticuada, pero hubo una encrucijada en su vida donde decidió dar un paso e irse con Henry. A Don parece que las cosas le suceden y que prácticamente no decide nada. La única decisión real que tomó fue elegir a Megan frente a la doctora y fue un abrazo puntual (y oportuno) de Sally a su entonces secretaria el que le hizo ver en la canadiense una buena madrastra para sus hijos. Puede que ahora mismo nadie quiera a Don, pero los espectadores no dejamos de vernos reflejados en sus debilidades, sus miedos y sus silencios. Yo al menos sí.

Mariló García dijo...

Betty eligió a Henry pero luego le fue infiel con Don. Otra que tampoco sabe lo que quiere.