22.4.14

Mad Men 7x2 San Valentín


En el primer episodio de la séptima temporada de Mad Men, Don Draper esquivaba a Neve Campbell durante un vuelo. Juntaban sus cabezas, dormían en vertical, pero no ocurría nada porque, y esto es lo importante, Don no quería. Don ama a Megan. También se lo confirma a su hija Sally cuando, de forma fortuita, ambos se reencuentran. En A Day's Work, el episodio 7x2 de Mad Men, el día de trabajo de Don no lo es, porque no lo tiene. Arrastra los pies por su piso neoyorquino, atiborrándose de galletas saladas, viendo la tele y marcando la botella de whisky para no pasarse. Que una cucaracha aparezca arrastrándose como él por el suelo no le importa. Ni se inmuta. Don lloraba desconsolado (y congelándose en el balcón) al final del episodio 7x1. Pensé: ¿otra vez estamos así? Don llora porque no sabe qué hacer con su vida. A Megan las cosas le van muy bien en Los Angeles y él ha sido apartado de la agencia por bocazas, básicamente. Pero Don no se queda en casa, alterna, se deja querer por McCann Erickson (la tercera tentativa ya) e intenta mantener un vínculo con la oficina a través de esa secretaria estupenda que es una Joan versión afro (y así termina, de carámbola, quedándose con su despacho).

La relación de Don con su hija siempre me ha parecido muy especial. Ya la engañó una vez, cuando Sally pilló a su padre con los calzoncillos bajados. Ésta es la segunda vez que Don le miente, cuando no le reconoce de primeras que está 'de vacaciones' impuestas. Pero es otra mentira, la de Sally al irse de compras y alargar el funeral de la madre de su compañera de habitación, la que logra que padre e hija se reencuentren de nuevo. Las secuencias que protagonizan estos dos son magníficas, porque Sally es muy lista, aún sin la picardía de un adulto, pero más lista que su padre. Para Don, Sally se ha convertido en su propia conciencia. Hablarle a ella, abrirse como sólo con ella lo hace, le da paz, interioriza sus sentimientos, los rumia y los escupe. Don se maravilla de Sally y aunque se siente solo como nunca antes se ha sentido, es en el día de San Valentín cuando parece descubrir lo mucho que quiere a su hija, tal vez, la única persona a la que ha querido y querrá como a ninguna otra, la única mujer por la que daría la vida.

Mientras Peggy proyecta en su secretaria sus frustraciones por estar soltera y se enfada y actúa de una forma irracional e irrespetuosa impropia de ella, Don proyecta sus inseguridades en su hija, que le escucha y que, sin pretenderlo, le da lecciones de vida. "Sólo busco amor", le dice, sonriendo, Don al jefazo de McCann Erickson, pero cuando su hija se despide de él con un "Feliz San Valentín, te quiero", Don se queda impactado. Ésa es la única verdad, sin mentiras, pura. Si buscas amor ahí lo tienes Don, en tu propia sangre, en tu herencia, en tu futuro. Porque Sally no pone puntos sobre las íes como hace Don. Sally muestra sus sentimientos, sin ambiguedades, pero que a ojos de Don son verdades como puños, duelen. Don aprende hablando con su hija. "Soy tantas personas", suspira ella. Y Don la observa como si se mirase en un espejo. Y la reta: hacemos un sinpa, nos vamos sin pagar de la cafetería. Y Sally no sonríe, teme que sea cierto. Pero él saca el dinero, sonríe, era una broma. Cuando escribe la nota de Sally para el colegio a modo de disculpa por su ausencia, él duda: "¿Qué pongo?". Otro latigazo de Sally: "Sólo cuenta la verdad". Sally le conoce sin pretenderlo, ha sabido descubrir al verdadero Don y Don se rinde con su hija, la adora y le cuenta la verdad, se muestra como es. Sally se ha convertido en Pepito Grillo mientras Don se siga comportando como Pinocho.

1 comentario:

Óscar Rus dijo...

No puedo ser racional con esta serie; ¡menudo capitulazo! Nunca pensé que iba a coger tanto "cariño" a los personajes pero es lo que tiene construir y desarrollar personajes a lo largo de 7 temporadas de forma coherente y sencilla.