7.8.13

The Newsroom 2x4: Shake Shack de Nueva York

Sloan y Neal quedan con una activista de la plaza de Wall Street en el restaurante al aire libre Shake Shack.


Recuerdo cuando Aaron Sorkin se defendía de quienes le llamaban activista diciendo que no lo era. Creo que se ve reflejado en esta chica incomprendida, también en el Will McAvoy -al que casi no vemos- que para dos frases que dice las utiliza para arrinconar a la inexperta joven. Es una mezcla de ambos en este cuarto episodio de The Newsroom. En una temporada que poco tiene que ver con la anterior -está contada a modo de flashback con varias historias que implican a todos los protagonistas- ver el Shake Shack (que, además, se nombra en la conversación) también me resulta llamativo, ya que solemos ver a estos periodistas o bien encerrados en la redacción de la tele o bien en el karaoke bar Hang Chew's que no existe en realidad (es una de las anécdotas que reflejo en mi libro Cócteles fuera de serie). A Will y MacKenzie, de hecho, también los hemos visto meterse más pelotazos en la barra del bar en esta temporada.

Episodio 2x1.


Sin embargo, el Shake Shack se ha hecho muy popular en Nueva York, tanto que parece parada indispensable si vas a la ciudad. Yo lo hice en 2007, pedí un perrito con queso cheddar y cebolla, y patatas fritas y un refresco. Lo más cachondo es que mientras te preparan el pedido tú esperas en la mesa a que te vibre un aparato que te han dado con un número (ya no sé si seguirá siendo así, aunque he vuelto a Nueva York no he repetido). Sloan sorbe de su refresco despreocupada (ella, la imagen de la economía que está hundiendo a Kodak entre otras cosas); Neal, con el móvil, el bloguero inquieto intenta enmendar el asunto. Dos voces muy diferentes, casi metafóricas de la situación.

1 comentario:

Sandra dijo...

Nosotros fuimos el año pasado a New York y nuestro hotel estaba al lado del Shake Shack. Cada noche que pasábamos había una cola enorme, un día que llovía nos acercamos y había 4 gatos. Estando allí mismo, delante de los camareros y cocineros, resguardándonos de la lluvia, también nos dieron el aparatillo vibrador. Vamos, que todavía lo utilizan, incluso si no es necesario.