5.8.13

The Killing final tercera temporada: el asesino es...

Antes de ir al grano abro un enorme paréntesis con las frases culinarias de Holder, el poli antidonut y surrealista, y Linden, la amante del fast food, en esta tercera temporada. Como el día vegano y la noche calórica.


Holder
 "No como donuts. No como nada que haya sido procesado". ¿Porque quieres conservar tu piel bonita y radiante? "Porque incluso el Taj Mahal necesita mantenimiento".

"No como carne, cabrón".

"Tengo tallarines, rollos de huevo, pollo al limón para ti, y galletas de la fortuna".

Linden
"No soy fan del tofu y las lentejas".

"Para comer no necesito una mesa". 



(con spoilers de la serie y del final)
Es inevitable echar la vista atrás para comprender el final de esta tercera temporada de The Killing. Aunque en principio no tuvieran nada que ver y fueran casos independientes. Linden (Mireille Enos), que dejaba el cuerpo de policía y se inventaba su propio mundo feliz junto a un joven del que no estaba enamorada, volvía a Seattle al reabrirse un caso de su pasado. A pesar de cierta tensión sexual, Holder (Joel Kinnaman) había rehecho su vida junto a una ejecutiva que tragaba con todo (su forma de ser) y que le quería. Cuando vuelven a reencontrarse estos dos, al menos por parte de él, la atracción sigue viva y, por eso, no era de extrañar que él lo intentase con el consiguiente (y ya famoso) cabezazo cobra de Linden. Los guionistas decidían que estos dos, a lo Expediente X, estaban mejor cada uno por su lado. Cuando pensaba por qué Linden pasaba de los hombres de esta forma tan cabezota (y nunca mejor dicho, a lo carnero) -al menos las mujeres de The Fall y The Bridge, con la que tanto comparte, echaban sus polvos de vez en cuando- reaparece también alguien de su pasado. Nos enteramos que mantuvo una relación con su jefe (Elias Koteas), con el que vuelve a cruzarse de nuevo. En un momento dado, asistimos a otra especie de cabezazo raro entre estos dos (esta vez, sí hay amor), como un quiero y no puedo. Linden sigue enamorada de este hombre. Pero a él, casado y con una hija, le ata su familia, así que nos olvidamos de esta pareja. Y era ahí donde realmente estaba el ingrediente secreto de esta truculenta receta.



El asesino de Rosie Larsen (temp. 1 y 2).



El tattoo de Serenity, guiño a Firefly

Nosotros, lógicamente, nos fijamos en el caso, que en esta ocasión se enreda porque parecen dos. Si en las primeras dos temporadas una adolescente era asesinada y veíamos cómo no sólo su muerte también la búsqueda del culpable repercutía en toda una comunidad (la familia, los políticos, la policía...), en esta tercera entrega los guionistas se han cebado en la idea de la marginalidad: a quién le importa que mueran unas niñas drogatas y prostitutas. Todos los que intentaban ayudarlas parecían sospechosos: el cura de la casa de acogida, el que les daba unas perras por grabarlas en el motel, hasta el chaval que quería triunfar en Hollywood... Porque a quién le importan esas niñas que nunca van a ser nuestras hijas. La comunidad les vuelve la espalda, hasta una de las madres se despreocupa de su hija desaparecida (hasta que se da cuenta de que le ha tocado a ella)... A Holder sí le importa porque fue un niño de la calle son su tatuaje y su recuperación (ahí está Bullet -Bex Taylor-Klaus- para recordárselo: con su Faith tatuado en la muñeca, como él tenía Serenity en el pecho). A Linden también porque está lejos de su hijo y sigue obsesionada con aquel caso que la ha hecho regresar. El preso al que van a ajusticiar ahorcándolo por petición propia es inocente, no mató a su mujer, la justicia se equivocó. Es su hijo, que lo vio todo de pequeño, el que ahora comienza a recordar. No entendíamos qué relación tenía el asesino de la madre con el serial killer de una veintena (o más) de niñas. La única pista: los anillos, unos trofeos que, en principio, despistaron (y llevaron a otro tipo a la cárcel de forma errónea, otra vez) y que, al final, son la prueba definitiva.

Mireille Enos en Guerra Mundial Z.

Linden no es nadie sin un teléfono, esté donde esté.
 
Linden es realmente la protagonista absoluta de esta tercera temporada: ella es la que vuelve para remover la mierda, la que sigue tirando del hilo, la que intenta que absuelvan al falso culpable, la que habla con el niño y la que finalmente (sin saberlo) se acuesta con el asesino que busca. No sé si continuará en una cuarta temporada, pero Linden no puede estar más tocada. El hombre al que ama, que había dejado a su familia por ella, es el mayor hijoputa. “No lo quisiste ver”, le dice él. También que tiene la culpa de todo, porque si no hubiese animado al niño nunca le hubieran descubierto y los dos habrían continuado sus vidas en pareja como si nada (borrón y cuenta nueva, con un par). Linden se siente culpable (cree que no sólo ha secuestrado al niño si no que lo ha matado) y el poli ve que se ha quedado solo, que no hay vuelta atrás. Entre que él le anima a dispararle y ella está como Brad Pitt en Seven, la escena final, con Holder como testigo, es la solución ojo por ojo de los guionistas.


Ray y su pastilla de jabón.

The Killing ha criticado muy duramente la pena de muerte y la falta de justicia en EE UU. Linden que mira para otro lado cuando ahorcan al inocente (estupendísimo Ray, Peter Sarsgaard), sufriendo (los episodios 9 y 10 son los mejores de esta temporada) es la que mata finalmente, la que paradójicamente cae en su propia crítica. Como en la primera temporada, además, el culpable es alguien de un organismo oficial (allí el ayudante del político, aquí, el jefe de policía) ayudado por alguien de la familia o conocido (allí, la tía por accidente, aquí la propia Linden sin saberlo). Ya en la primera entrega sospechamos de padre biológico de la muerta: un detective. Esta vez, fue el poli. Alguien que debería ser justo no lo es. Como la Ley. Significativo es que el poli duro se vuelva blando: "Nosotros también estamos encerrados aquí". Claro.


Un cartel spoileante.
Y ¿cuál es el móvil? El policía resume el leit motiv de sus crímenes en una frase mientras él y Linden van a la casa del lago: “Las salvé de la inevitabilidad de sus vidas”. Esas chicas no tenían salvación. Muy bien, pero ¿nadie sospechó de los propietarios de las casas del lago en el que se ocultaban los cuerpos de las víctimas? y ¿a cuento de qué se llevaba sus anillos como trofeos? Linden, vale, no sobrelleva bien el descubrimiento (genial el cambio del rostro de él cuando se da cuenta de que ella le ha pillado) y vomita y pierde los papeles. Pero, si bien me ha gustado muchísimo esta temporada (el episodio 9 dirigido por Jonathan Demme es de los mejores del año) no puedo evitar inquietarme cuando se descubre el pastel. En el momento en que él le confiesa todo (hay más muertas que nunca encontraréis) ya sabes que va a morir. Y esa larga charla entre los dos anocheciendo mientras conduce no creo que esté a la altura de todo lo que hemos visto anteriormente. Holder se queda como en un segundo plano y llega a lo sumo para ser testigo del final. Nunca dudé del jefe de policía (no caí en él como sospechoso), aunque sí se me hizo raro cuando los dos se enrollaban (el poli y Linden), me dije: qué pena, que no habrá jaleo con Holder.

Si hay una cuarta temporada, Linden ya no tiene excusa, y no sé si a ella le perjudicará su toma de decisiones (ha matado a un poli) o Holder la ayudará mintiendo (se lo debe a Bullet). En cualquier caso, junto a The Bridge, que aún no ha acabado, The Killing es una de las series policiacas de este verano.


4 comentarios:

missbravo dijo...

Genial entrada, sólo un detalle: aún no han encontrado ningún cuerpo en el lago, los cadáveres aparecieron en el estanque junto a la casita del árbol.

Una serie increíble, los últimos episodios han sido brutales. Espero que haya cuarta temporada!

Anónimo dijo...

esta serie es de verdad increíble y le deseo una y mil temporadas más. se lo merecen, por lo mucho que cuidan a los personajes, los guiones y por ese clima inenarrable. es como muy triste y emcional. además es tan intensa que es imposible ver otra serie seguida, hay que dejarla reposar, salir de ella y luego ya a otra cosa. genial Holder, pero Linden es un mundo aparte. qué actriz, qué mujer, qué personaje, qué mirada.

Kekos de MJ dijo...

A mi el trozo del coche me pareció un rollazo... y eso que me encanta la serie...

iña dijo...

El capitulo 10 es brillante, grandioso Ray.
Cuando sospecharon que era un policía ya se veía que era él pero antes imposible, me creí todo el amor!
Cuarta temporada sí que habrá, no?